Impresoras 3D en el salón de casa

El otoño en Media Mark, la mayor minorista  en Europa de electrónica de consumo, comenzaba con un anuncio a bombo y platillo: “Imprime YA en 3D”. Con este eslogan iniciaban la venta de impresoras 3D en todos sus establecimientos de España. Se trata del modelo Replicator 2 de Makerbot (BQ se ocupa aquí de la distribución) que ya se puede adquirir al “módico” precio de 2.399 euros. Pero… ¿quién necesita en su casa una impresora 3D? ¿Qué hacen exactamente estos artefactos?

Impresora 3d media markt

Las impresoras 3D parecen ser una suerte de “sueño hecho realidad”. Permiten crear prototipos, maquetas, piezas o pequeños objetos reales con volumen a partir de un diseño realizado con ordenador. Un sueño que se lleva persiguiendo desde hace mucho más de lo que imaginamos. Chuck Hull está considerado el pionero de esta técnica con la invención, en 1983, de la estereolitografía, también llamada foto solidificación o fabricación óptica. Cinco años después, ya con su compañía 3D Systems en marcha, comenzó a comercializar los primeros equipos que pronto evolucionaron con nuevos métodos: Impresión por laser (selective laser sintering) y por deposición de material fluido (fused deposition modelling).  En 1993, unos estudiantes del MIT desarrollan el sistema de impresión 3D por inyección y, en 1995, salen a la venta los primeros aparatos. Una década más tarde, el Dr. Boyer de la Universidad de Bath desarrolla la RepRap, la primera máquina 3D autorreplicante lo que supone una revolución en el acceso a estos equipos. Hoy, esta compañía copa más del 26% de su mercado.

Adrian Bowyer (izquierda) y Vik Olliver (derecha), miembros del proyecto RepRap.

Adrian Bowyer (izquierda) y Vik Olliver (derecha), miembros del proyecto RepRap.

A partir de este momento, las aplicaciones de esta tecnología se diversifican y abandonan el ámbito académico y de la investigación para acercarse a la industria. El siguiente paso, ponerlas al alcance del consumidor final, tenía que llegar y, de hecho, ya está aquí. Ojo, que esta es la típica tecnología disruptora que puede pillar a más de uno en un renuncio porque su “democratización” puede ser más rápida de lo que todos estamos pensando.

¿Qué se puede imprimir en casa? Las posibilidades son innumerables. Desde componentes para el diseño mecánico (una pieza de Lego por ej.), la automoción (un recambio), la arquitectura (maquetas) o la construcción (una baldosa o una tubería), pasando por la educación hasta llegar a la fabricación de réplicas de obras de arte, tejidos humanos o prótesis médicas. Parece que la impresión 3D no ha encontrado todavía límites, de hecho estos se están explorando intensivamente en la actualidad.

Hoy existen varios modelos comerciales.

  • De adición o inyección de polímeros (materiales plásticos). Aquí el material del que va a estar realizada la pieza se añade capa a capa.
  • De compactación: polvo que se compacta por estratos.
    • Tinta: permite diversidad de colores
    • Laser: la energía del laser logra que el polvo se compacte y se solidifique.

Una vez finalizada la pieza, tan sólo hay que lavarla para quitarle el polvo sobrante.

Poder imprimir en 3D en casa abre la posibilidad de que el usuario final cree, desarrolle y fabrique sus propios objetos, algo que muy probablemente va a cambiar el modo de producción actual, y si la tecnología se sigue abaratando, ¿podría llegar el momento en que costase lo mismo manufacturar una unidad de un objeto determinado en casa que miles de ellas en una fábrica? En ese caso, la fabricación industrial perdería sus márgenes. Todos nos podemos imaginar el impacto que esta situación tendría para la economía y para millones de trabajadores… Lo que es seguro es que los inventores o pequeños artesanos tendrán al alcance de su mano la creación de prototipos sin necesidad de grandes inversiones y que las barreras logísticas desaparecerían para ellos. Cualquier artesano podría vender sus productos en cualquier lugar del mundo.

Asimismo, y sin necesidad de poner una impresora 3D en medio del salón, existen compañías que ya están ofertando este servicio. Ponoko, por ejemplo, ofrece 1500 materiales diferentes para aquellos diseños que el usuario decida imprimir a través de la plataforma. Shapeways o la francesa Sculpteo también se ocupan de estas impresiones 3D a medida que el creador puede recibir directamente en su casa u optar por comercializar a través de ellos para que otros usuarios hagan lo propio. La última en sumarse a este carro ha sido UPS que ha anunciado que probará en sus tiendas las impresoras 3D ¿Para qué mover camiones si podemos mover sólo bits? ¿Se transformará el negocio de UPS en algo parecido a lo que fueron las copisterías de los años 80 y 90?

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Este proceso es similar al ocurrido en la industria editorial tras la aparición de la impresión digital gracias a la cual se han abaratado sobremanera los costes y agilizado los procesos de impresión, además de que se han puesto en manos de los usuarios con el llamado “print on demand” (impresión bajo demanda). En este caso, el libro no está preimpreso, sino que se imprime en el momento una sola unidad cuando lo solicita el cliente. Este puede personalizar varios elementos de la impresión como el tipo de papel, el tamaño de letra o la encuadernación, por ejemplo. Lo cierto en este caso, estando la tecnología ya bastante madura, es que no se ha impuesto en absoluto a pesar de la evidente ventaja de su modelo. Todavía resulta más rentable imprimir en masa que hacerlo bajo demanda.

Asimismo se abren otra serie de dilemas a futuro y algunos no exentos de polémica. Si se pueden tomar modelos para imprimir en 3D de la red, aunque actualmente la mayoría sean de código abierto, ¿cómo se establecen los derechos que pertenecen al creador y cuáles al fabricante? ¿Cómo afectará esta nueva realidad a los diferentes modelos de negocio existentes? En especial, ¿cómo afecta todo esto al comercio tradicional e incluso al comercio electrónico? Se intuyen cambios relevantes en temas como: gestión y control de los derechos de propiedad intelectual, qué pasa con las empresas de transporte,  qué valor aporta un intermediario si es que estos tienen sentido…

A principios del mes pasado, The Economist desgranaba algunas de estas cuestiones en extenso artículo y destacaba que, según un estudio de Wohlers Associates, el mercado de la impresión 3D había generado en 2012, 2,2 billones de dólares, lo que suponía un incremento del 29% respecto al año anterior. Además, se mostraba una clara tendencia a pasar de la creación de prototipos a productos finales. Sin embargo, añadían, aún es necesario una mejora de los materiales, para aumentar la durabilidad, y de sus costos para poder competir con la producción en masa y que, quizá, el futuro estaba en la complementariedad de ambos modelos. La historia nos ha enseñado en innumerables ocasiones que la convivencia suele ser el modelo más habitual pero de lo que no cabe duda es que el impacto en muchos negocios será muy importante.

 

Nacho Somalo
Emprendedor. Veterano del ecommerce en España. Digital Advisor para empresas y profesor de escuelas de negocio en ratos libres
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