Ruido, nueces, privacidad y cookies

¿Se te ocurre una manera de echar al traste el acceso de discapacitados a tu web, sacrificar el espacio de comunicación más valioso de un medio digital, cercenar la experiencia móvil del usuario y reducir la tasa de conversión de una plataforma de comercio electrónico al mismo tiempo?

Deja de elucubrar. La fórmula ganadora es un “faldón” de solicitud de permiso para servir cookies. El mismo faldón que todos hemos visto proliferar como la pólvora sin demasiada comprensión por parte de usuarios o gestores.

Resulta curioso como la amenaza de una multa (y su impacto reputacional) puede provocar decisiones precipitadas de consecuencias aún más dañinas.

¿Dónde han quedado los esfuerzos para cumplir con la otrora temida normativa de accesibilidad web (Ley 56/2007 ) que obligaba a una web “con especial trascendencia económica” a cumplir con el nivel medio (AA) de los criterios establecidos? Basta con aplicar el Test de Accesibilidad Web (TAW) de la W3C a unas cuantas páginas recién coronadas con su faldón para comprobar que éste mismo provoca el incumplimiento (en gran medida por su ubicación “flotante”).

Pasemos a nuestra querida y recién estrenada movilidad de contenidos. ¿Quién no ha intentado acceder a una web de contenidos o servicios a través del navegador de su smartphone para encontrarse con que el faldón ocupa su pantalla sin posibilidad de disminución o eliminación sencilla? ¿Para eso tanto esfuerzo por ser “responsive” o “mobile-friendly”?

Un ejercicio igualmente interesante es charlar con los responsables de audiencias digitales de algunos de los principales medios en España. ¿Queja común? El faldón les ha privado de un espacio premium a la hora de servir la publicidad que les da de comer, y el remoto riesgo de tener que obligar a un registro previo como forma de obtención efectiva de consentimiento podría dar al traste con la ínfima línea de vida que aún les queda en el tráfico abierto de su home.

delete-cookiesNo me sorprenden, ante este panorama, los tweets cargados de sorna de algunos norteamericanos de paso por Europa, con la constante pregunta de fondo: ¿Por qué narices no dejas la gestión de cookies al navegador y me dejas navegar en paz una vez que he decidido acceder a tus contenidos?

Al fin y al cabo, ¿vamos también a denunciar a la empresa que, siendo víctima de un ataque, vea sus contenidos digitales embutidos de cookies malignas? ¿Vamos a obligar a auditar cada documento publicado cuando entendamos que no todas las cookies se sirven en la página principal (home)? El desafío a la lógica salta a la vista desde todos los ángulos.

La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento      

Esta frase resuena en la cabeza de cuantos hemos pasado por una Facultad de Derecho en España. Una verdad irrefutable, pero también lo es que resulta un absurdo el cumplimiento positivo de la ley en estado de ignorancia.

Sin entrar en los detalles o en el porqué (he escrito extensivamente sobre los precedentes y el desarrollo de la normativa aplicable, ahora mismo tenemos entre manos la olla caliente en que se cocinan conjuntamente un precepto legal de cumplimiento técnicamente inviable, un elevado nivel de ignorancia (¿realmente teníamos que hablar al consumidor, legislador, abogado o gestor de “cookies” para respetar su privacidad?) y un estado del miedo.

El año pasado tuvimos la ocasión, y la desaprovechamos, de sumarnos a la muy práctica solución británica de gestionar cookies bajo “niveles de intrusividad” y consentimiento implícito. Ahora, pasada la ley por el filtro de la viabilidad técnica, la comprensión de las agencias de protección de datos y un cierto pragmatismo por parte de todos los actores, nos topamos con un requerimiento de auditado, información, notificación y consentimiento tácito (perdón, “expreso” mediante el acto de seguir navegando).

¿Alguien nos ha dicho que ese faldón era la única manera de obtener consentimiento? ¿No era acaso ésta una opción más entre varias ideas facilitadas por la Agencia Española de Protección de Datos en sus directrices? No importa. Como ocurriera en otros mercados, nos hemos copiado unos a otros por pura moda y dejadez. Y, ¿lo mejor de todo? ¡Los faldones usan cookies!

Propongo acabar con este sinsentido entre todos, con valentía y apertura de mente. Exploremos nuevas vías e incluso la definición de un estándar que permita mostrar gráficamente (mediante iconos muy visibles) el tipo de cookies servidos en cada página. Entretanto, una idea de negocio: ¿No pagarías por una extensión de navegador que elimine los faldones?

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Sergio Maldonado

Sergio Maldonado

Socio fundador at Divisadero
Socio fundador de Divisadero y CEO de Sweetspot Intelligence. LLM en Internet Law por Queen Mary’s University. Solicitor (England & Wales) y Abogado.Ha publicado dos libros (Thomson-2002 y ESIC Editorial-2009).
Sergio Maldonado
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