La velocidad con la que el mundo evoluciona es cada vez mayor y el tiempo en el que se adoptan las nuevas tecnologías es cada vez menor. Por poner un ejemplo, es bien conocida la enorme diferencia de plazo en la adopción de innovaciones como la televisión y el teléfono móvil. Esta aceleración implica que gobiernos, empresas y personas deben tratar de adaptarse a ese ritmo.

¿Qué ocurre con la formación?

A lo largo de nuestra historia, la formación se ha ido tratando de adaptar a las necesidades del mercado laboral. Estos cambios hacen que unas profesiones desaparezcan y otras nazcan. Mientras este ritmo de cambios era más o menos lento, los modelos formativos no tenían tantos problemas para adaptarse.

Pero, ¿qué está ocurriendo en los últimos años?

Vemos como la formación en los colegios ha tratado de evolucionar, con poco éxito en mi opinión, como las universidades públicas aderezan sus programas con algunas asignaturas nuevas, o como los centros privados crean programas combinando cursos ya existentes y añadiendo asignaturas nuevas. El problema es que, salvo excepciones, el resultado sigue siendo desastroso.

Los recién licenciados terminan sus carreras sin saber nada. Tienen que seguir formándose (en programas que no están preparados para lo que el mercado laboral necesita) o aprender en el trabajo.

Esto además de suponer un fracaso y una pérdida de tiempo y dinero, es algo que las empresas no se pueden permitir (y mucho menos en esta época de crisis).

Los títulos oficiales cada vez tienen menos valor. Lo importante es que seas capaz de demostrar lo que sabes hacer. De nada te sirve tener carrera y máster si, cuando llegas a una empresa, no eres capaz de aportar valor desde el minuto uno.

Las empresas necesitan que las personas que se incorporen a su plantilla, rindan desde el primer momento. Les contratan para solucionar un problema o cubrir una carencia, no para formarlos.

La conclusión está clara:

 La formación y el mercado laboral están desacompasados. La formación no evoluciona al ritmo que demanda el mercado.

To educate

 ¿Cómo podemos tratar de solucionar este problema?

  1. Necesitamos una mayor conexión entre el mercado laboral y los centros de formación.
  2. Profesorado: la mejor manera de crear esta conexión es a través de profesionales en activo que dan clase. Lo expreso de esta manera algo compleja, porque el matiz es importante. No es lo mismo profesores que estén más o menos al día, que profesionales en activo que den clases.
  3. Los centros de formación se tienen que adelantar a lo que demande el mercado, no ir por detrás.Actualmente la evolución y creación de nuevos programas formativos es, en su inmensa mayoría, reactiva. Es decir, se crean los programas cuando la tendencia ya está asentada, cuando la demanda esta ‘asegurada’.Los centros de formación, deben ser proactivos e innovadores en sus programas. Deben ser capaces de analizar las tendencias para adaptar su oferta a la realidad del mercado en el momento que los cambios se producen.Esta es la única manera de que el alumno llegue preparado (e incluso vaya por delante), para lo que le vayan a demandar en su puesto de trabajo.
  4. Acercar la realidad a las aulas: en todas las fases de la educación de una persona (colegio, universidad, postgrados,…), debemos presentar la realidad tal cual es, y lograr que los alumnos se enfrenten a ella.Los modelos teóricos que funcionan perfectamente sobre el papel o memorizar temarios interminables, pueden cumplir su función en un momento determinado. Pero lo que realmente aporta a la hora de asimilar un concepto es enfrentarse a el.Las clases deben ser 100% prácticas. Empezando por orientar la teoría a explicar los aspectos prácticos, y planteando casos prácticos con ejemplos reales (no casos prácticos ‘perfectos’, en los que todo cuadra y la foto final es perfecta).