Hace un par de semanas celebramos una junta directiva de adigital. En esta ocasión, mantuvimos un interesante debate sobre el futuro del ecommerce en España. El drama es que parece que en el comercio electrónico español no hay mucho sitio para los proyectos locales 🙁 Ni pure players ni brick and clicks. La realidad es que Amazon está arrasando y, con la llegada de Rakuten, parece que esta tendencia se acentuará.

¿Tiene futuro el ecommerce español?

En estas circunstancias, el debate se planteó en torno a “las prácticas” que estos gigantes globales realizan al optimizar desde un punto de vista fiscal su presencia global, lo que se traduce en que apenas pagan impuestos en España. Esto no es nuevo. De hecho, en los últimos meses, se ha abierto el debate a la sociedad sobre esta espinosa cuestión.  No voy desvelar aquí cuales fueron los argumentos que defendió cada uno pero si me gustaría resumir lo comentado en dos posturas de partida muy claras y diferenciadas:

Los grandes players globales hacen competencia desleal lo que les permite ser más competitivos que los locales que se ven obligados a pasar por el “aro fiscal” con todas sus consecuencias. Esto debe ser combatido activamente y como patronal del tema en España debemos adoptar una postura pública y dura sobre el tema.

Versus

Queramos o no estamos en una economía globalizada y, por tanto, no podemos criminalizar a estos players por aprovecharse de la situación. Si lo que hacen es ilegal hay que denunciarles en los tribunales y si es legal no deberíamos adoptar ninguna postura al respecto.

¿Tiene futuro el ecommerce español?Tras un intenso debate, llegamos a una postura común que quiero compartir con vosotros para saber vuestra opinión. Más o menos resumida es esta:

Si lo que hacen estas empresas internacionales es legal (como parece que es), no podemos ni debemos adoptar una postura contra ellas. Al fin y al cabo hacen lo lógico, que es, sin saltarse las normas, pagar los menores impuestos posibles. Vamos, lo que hacemos todos. ¿Conocéis a alguien que renuncie voluntariamente a su deducción por vivienda habitual? ¿Se nos podría acusar a todos de desleales e insolidarios por este motivo? ¿Podría hacerlo alguien que no puede acogerse a esta deducción? ¿Verdad que no? Si alguien considera que esto es injusto, debería quejarse a las autoridades fiscales que han promulgado esta norma…   En nuestro caso, pensamos que el toque de atención no debe ser a las empresas, sino a la administración pública española y europea, ya que son ellos los responsables de que las empresas de nuestro país (y de otros comunitarios) se vean perjudicados.

Si nos fijamos, por ejemplo, en la normativa de protección de datos personales, otro aspecto trascendente para el ecommerce, existen diferencias enormes entre los distintos estados miembros. Hay entornos razonables y pragmáticos como el Reino Unido, Francia o Alemania (algunos incluso se podrían considerar «paraísos en la aplicación de la protección de datos», léase Irlanda) y está el nuestro, España, donde vivimos atemorizados por los riesgos en sanciones por aplicaciones desproporcionadamente severas de la misma norma que se interpreta de forma muy distinta aunque provenga de la misma Directiva.

Hay administraciones ecuánimes que entienden la complejidad de los negocios y buscan una adaptación progresiva y razonable, y otras formalistas alejadas de la realidad y del sentido común que pretenden una perfección administrativa ilusa, en la que no caben errores humanos, donde se castigan con una contundencia a todas luces excesiva, presumiendo siempre la mala voluntad e intencionalidad, faltas de trascendencia menor como puede ser enviar un correo electrónico no deseado.

La paradoja es que si no hacemos algo al respecto, los negocios digitales, para poder tener éxito, deberán establecerse en Irlanda, Luxemburgo u Holanda, con independencia de la nacionalidad de sus fundadores. O peor aún, fuera de la UE. Esta situación se hará inevitable si seguimos por el mismo camino, con el consiguiente grave perjuicio para el empleo y la sociedad española en su conjunto.

Los emprendedores y empresarios no necesitamos subvenciones ni programas de ayuda con dinero público. Estas pueden ser interesantes en un momento puntual o para ayudar a arrancar cierto tipo de proyectos, pero no de forma generalizada. Además, una buena parte de estas ayudas acaban en manos de terceros (abogados, consultores, etc.) ya que son estos los que se saben mover en el intrincado mundo de la administración.

Lo que si necesitamos los emprendedores y empresarios españoles que nos queremos dedicar a esto y además queremos hacerlo en España pagando impuestos aquí, es un entorno legal, normativo y fiscal que nos permita ser competitivos. No hace falta tener ventajas, pero lo que es insostenible son las enormes desventajas que hoy en día sufrimos. La administración española y comunitaria tiene que ser consciente de esta situación y ponerse las pilas, porque si no luego será demasiado tarde. Debemos armonizar sistemas fiscales y normativos en la UE y hacerlo manteniendo como referencia lo que hacen fuera: EEUU y Asia sobre todo.

¿Acaso alguien cree que es casualidad que apenas existan grandes proyectos o empresas globales digitales en la UE? Pensemos un poco… Ninguno de los nombres que se nos ocurren son de aquí. Estamos perdiendo la partida de forma irremediable y luego será tarde. No podemos perder ni un minuto más o los impuestos, el trabajo y know how que generará toda esta revolución digital se irá para siempre de aquí relegando este continente a la “pobreza digital” por décadas.

adigital

Está en nuestras manos. En un entorno global sólo hay un dilema: ser competitivo o morir. Si ser europeo o español supone salir a la batalla competitiva con los pies y las manos atadas, no tendremos ninguna oportunidad. Las empresas y proyectos, para ser viables a medio plazo, tienen que tener vocación de globales y aspirar a todo. Aspirar a ser grandes. Pero la administración tiene que hacer su parte, y la regulación y la fiscalidad es pieza imprescindible de este puzle. ¿A qué estamos esperando?

No todos los presentes en la junta suscribirían lo expuesto en este post y mucho menos verbalizado así, pero me atrevo a decir que, en líneas generales, éste es el sentimiento de la inmensa mayoría más allá de matices.

¿Qué opináis vosotros?